Las tecnologías de información y comunicación (conocidas por su acrónimo TIC) no tienen una definición específica como tal. Se les considera como las tecnologías que se necesitan para la gestión y transformación de la información, y muy en particular, el uso de ordenadores y programas que permiten crear, modificar, almacenar, proteger y recuperar esa información; las cuales, tienen mucho que aportar en un mundo globalizado como en el que hoy estamos viviendo.
El pasado siglo XX fue llamado el siglo de las luces. Este nuevo siglo, sigue los pasos de su antecesor con los descubrimientos, inventos, hallazgos y globalización entre otros. Sin embargo, los sociólogos comienzan a llamarle la era de la información.
Los medios de comunicación avanzan constantemente, en proporción directa a las mejoras tecnológicas que se van dando día a día, permitiendo que sea cada vez más fácil una comunicación masiva efectiva y un flujo de información increíble, con el cual se bombardea a todo tipo de público, a través de muchas vías de comunicación y por varios de los sentidos del ser humano.
En el campo laboral, las personas se hacen cada vez más dependientes de las herramientas ofimáticas (informática aplicada a la oficina: proceso de textos, hojas de cálculo, etc.) y se consideran “perdidos” sin ellas. Sin embargo las TIC van más allá de ser simplemente las nuevas herramientas de trabajo, más que un conjunto de programas, más que una simple red de trabajo y más una red mundial de información.
Se considera que están creando cambios significativos en la sociedad dignos de ser estudiados.
Si podemos observar, los países desarrollados superan a los sub-desarrollados incluso en los avances tecnológicos. Los estudios de algunos sociólogos, muestran que la presencia y desarrollo de las TIC dentro de un país, tiene gran influencia en el desarrollo de este. En otras palabras, el desarrollo del país dependerá, en parte, del nivel de desarrollo de las TIC en este.
Por otro lado, la educación es un área en la que las TIC han cobrado también una gran importancia. Se utilizan como un instrumento para mejorar la productividad, como fuentes de información y proveedoras de materiales pedagógicos entre otros. Se espera que utilizando las nuevas tecnologías de información y comunicación, se obtenga un mejor aprovechamiento académico por parte de los estudiantes. Debido a las variadas formas en las que pueden ser presentados, gracias a las TIC, los contenidos de las diferentes materias, el alumno podría captar y reforzar de una manera más rápida y amena su aprendizaje.
Algunos maestros opinan que las TIC son importantes ahora y siempre, pues no son una “moda” pasajera.
No cabe duda, una nueva revolución ha comenzado y parece que no se detendrá.
Es un hecho que se irá creando, en las personas que no se involucren con las nuevas tecnología de información, una especie de analfabetismo tecnológico, que al igual que el “tradicional” habrá que combatirlo. El problema no se verá reflejado en las nuevas generaciones, pues las TIC forma parte de su mundo; es algo normal, algo que siempre ha estado allí, algo que casi nacerán sabiendo. Pero ¿Qué de las generaciones anteriores? ¿Está listo usted para una actualización de su software mental, o mejor aun, un cambio de chip?
jueves, mayo 24, 2007
viernes, marzo 09, 2007
A Boo!
La única manera de tener contigo el trofeo de esa aventurada caza, es que este hermoso ángel te tome a ti y te envuelva con sus alas blancas.
No bastará tu paciencia y tu ilusión para conquistar su alma, pues un ser terreno, no tendrá jamás lo que le hace falta.
Caricias y entrega total que le den al infierno cielo y esperanza. Y un mucho de trascendencia que tu esencia cazadora no respalda.
No podrán tus besos nunca llegar a despertar sus ansias. Un ángel es demasiado puro para ceder a la pasión mundana. Con él solo podrás hacer el amor conectando el corazón con la mirada. Y tus ojos son demasiado humanos y tu corazón herido se desangra.
Cazador de un ángel que se esconde y si lo ves se escapa, no pierdas tu tiempo tratando de robar al cielo una pieza sagrada; la única manera de tener contigo el trofeo de esa aventurada caza, es que este hermoso ángel te tome a ti y te envuelva con sus alas blancas.
Adrián
lunes, marzo 05, 2007
Diurno A Mariela
Uno se hace el fuerte entre espinas,
se finge olvidar el brillo del cristal roto
hundiéndose en la carne.
se finge no sentir el trote brutal
sobre los huesos de las cosas que cambiaron.
-Explociones solitarias, de llanto y el llanto
lastimero siempre sabe a otro nombre-
Yo, que me he hecho el fuerte
y fingido olvidar, hoy he vuelto
a gemir como loco y he ido errante por los bordes
oscuros de mi almohada...
Donde estuvieron tus ojos
hay cuencas vacías.
Nunca me acostumbré
al sonido sordo de mi voz
empolvándose en nuestra habitación desierta.
¿De cuándo acá, el corazón de ambos
se tornó en calavera roja?
Te era tan difícil llegar a mi lado
y regalarme un poco de tu nuevo mundo.
¡Angosto tiempo el tuyo,
-no me reproches si mis heridas
me recuerdan los lunares de tu cara,
si mis manos necias acarician aún
antiguas mozedades.
No reproches este mi fingir
(no es bueno que sepas del cariño y aprecio que se guarda,
y sea mi descontento y la culpa los únicos quienes te alcancen.)
Porque he aprendido, me lo he tragado;
Lo hecho, se ha hecho
y fue insuficiente el mundo que te di una vez.
Ahora prefiero, antes que un reencuentro
de tórtolas arrepentidas, tu silencio inmediato
y saber que me olvidaste; preferiría del mismo modo,
mi silencio ante el poema,
y negar así que ya te he perdonado.
Pues en las aguas tranquilas nunca he calmado mi sed,
y el rencor y la ira: Buen pretexto
para que vuelvas a pronunciarme,
sentirte cerca fingiendo no extrañarte.
Tú, la magia que se acaba y renace;
tú y tu semblante lejano y frío, duro.
siempre duro y frío, lejano...
Un día, después de la vida entera, claro,
tal vez nos encontremos por breves chasquidos
del destino, y tú sin mirarme y yo sin decir nada,
comprendamos que nos perdimos hace mucho,
y así pasar de largo uno del otro,
buscando otras tierras, usando nuevas pieles
y nuevos nombres, siguiendo nuestras señales en el muzgo
y sonriendole a la luz de nuestra propia alba, pétalo tras pétalo...
-aunque la flor, a esa también hemos de fingirla-
se finge olvidar el brillo del cristal roto
hundiéndose en la carne.
se finge no sentir el trote brutal
sobre los huesos de las cosas que cambiaron.
-Explociones solitarias, de llanto y el llanto
lastimero siempre sabe a otro nombre-
Yo, que me he hecho el fuerte
y fingido olvidar, hoy he vuelto
a gemir como loco y he ido errante por los bordes
oscuros de mi almohada...
Donde estuvieron tus ojos
hay cuencas vacías.
Nunca me acostumbré
al sonido sordo de mi voz
empolvándose en nuestra habitación desierta.
¿De cuándo acá, el corazón de ambos
se tornó en calavera roja?
Te era tan difícil llegar a mi lado
y regalarme un poco de tu nuevo mundo.
¡Angosto tiempo el tuyo,
-no me reproches si mis heridas
me recuerdan los lunares de tu cara,
si mis manos necias acarician aún
antiguas mozedades.
No reproches este mi fingir
(no es bueno que sepas del cariño y aprecio que se guarda,
y sea mi descontento y la culpa los únicos quienes te alcancen.)
Porque he aprendido, me lo he tragado;
Lo hecho, se ha hecho
y fue insuficiente el mundo que te di una vez.
Ahora prefiero, antes que un reencuentro
de tórtolas arrepentidas, tu silencio inmediato
y saber que me olvidaste; preferiría del mismo modo,
mi silencio ante el poema,
y negar así que ya te he perdonado.
Pues en las aguas tranquilas nunca he calmado mi sed,
y el rencor y la ira: Buen pretexto
para que vuelvas a pronunciarme,
sentirte cerca fingiendo no extrañarte.
Tú, la magia que se acaba y renace;
tú y tu semblante lejano y frío, duro.
siempre duro y frío, lejano...
Un día, después de la vida entera, claro,
tal vez nos encontremos por breves chasquidos
del destino, y tú sin mirarme y yo sin decir nada,
comprendamos que nos perdimos hace mucho,
y así pasar de largo uno del otro,
buscando otras tierras, usando nuevas pieles
y nuevos nombres, siguiendo nuestras señales en el muzgo
y sonriendole a la luz de nuestra propia alba, pétalo tras pétalo...
-aunque la flor, a esa también hemos de fingirla-
Rolando Amaya
lunes, febrero 12, 2007
Una Meta Final
Creo saber de dónde vengo. Sé donde estoy… “lo que soy”. ¿Hacia donde voy? ¡Muy buena pregunta!
Hubo un momento en mi vida –no hace mucho- en el que al ver a mi mejor y casi única amiga con un plan tan definido para su vida, metas tan bien establecidas, objetivos tan claros, que me hizo preguntarme: ¿Qué es lo que realmente quiero para mi vida? ¿Tengo yo objetivos reales? Por unos días creí que no tenía un blanco por alcanzar; como una hoja llevada por el viento, que va de aquí para allá sin saber a donde va a llegar o cuál será su final. Pero después de meditar por un tiempo, me di cuentas de que sí lo tengo. Pude vislumbrar que lo que quiero, no es exactamente un título, una posición, reconocimientos o dinero –algo más allá de lo tangible- Es tener la seguridad, de que cada día que pase, Dios esté dirigiendo mi vida, cada paso, cada decisión.
Llegar a formar una familia en la cual Dios sea el centro y base. Que pueda contemplarla y decir: gracias Señor por permitirnos juntos honrarte. Esforzarme cada día por llenarla de compresión, amor, felicidad y hacer de ella un trozo de cielo; que a pesar de las pruebas y dificultades que se presenten en el camino, podamos salir victoriosos, siempre unidos por el poder de Dios; que la gente pueda vernos y contemplar un testimonio, tanto en la vida de cada uno y por qué no como familia.
Tener un trabajo por medio del cual pueda ayudar a difundir con mayor rapidez el mensaje y el amor de Dios a todo el mundo.
Así que pude concluir, que realmente sí, soy como una hoja; con la abismal diferencia de que el viento que me lleva, sabe perfectamente mi destino; porque mi viento es Dios.
Por eso, queda sin importancia la posición social, los reconocimientos y logros; pues me basta y me bastará –porque es más que suficiente- ser un embajador del Rey de Reyes y Señor de Señores.
Eso me lleva a querer prepararme y dar lo mejor de mi cada día, en cada cosa; para poder un día ser de más utilidad en la obra de Dios y así ayudar a muchos más a llegar juntos a nuestra meta final.
Hubo un momento en mi vida –no hace mucho- en el que al ver a mi mejor y casi única amiga con un plan tan definido para su vida, metas tan bien establecidas, objetivos tan claros, que me hizo preguntarme: ¿Qué es lo que realmente quiero para mi vida? ¿Tengo yo objetivos reales? Por unos días creí que no tenía un blanco por alcanzar; como una hoja llevada por el viento, que va de aquí para allá sin saber a donde va a llegar o cuál será su final. Pero después de meditar por un tiempo, me di cuentas de que sí lo tengo. Pude vislumbrar que lo que quiero, no es exactamente un título, una posición, reconocimientos o dinero –algo más allá de lo tangible- Es tener la seguridad, de que cada día que pase, Dios esté dirigiendo mi vida, cada paso, cada decisión.
Llegar a formar una familia en la cual Dios sea el centro y base. Que pueda contemplarla y decir: gracias Señor por permitirnos juntos honrarte. Esforzarme cada día por llenarla de compresión, amor, felicidad y hacer de ella un trozo de cielo; que a pesar de las pruebas y dificultades que se presenten en el camino, podamos salir victoriosos, siempre unidos por el poder de Dios; que la gente pueda vernos y contemplar un testimonio, tanto en la vida de cada uno y por qué no como familia.
Tener un trabajo por medio del cual pueda ayudar a difundir con mayor rapidez el mensaje y el amor de Dios a todo el mundo.
Así que pude concluir, que realmente sí, soy como una hoja; con la abismal diferencia de que el viento que me lleva, sabe perfectamente mi destino; porque mi viento es Dios.
Por eso, queda sin importancia la posición social, los reconocimientos y logros; pues me basta y me bastará –porque es más que suficiente- ser un embajador del Rey de Reyes y Señor de Señores.
Eso me lleva a querer prepararme y dar lo mejor de mi cada día, en cada cosa; para poder un día ser de más utilidad en la obra de Dios y así ayudar a muchos más a llegar juntos a nuestra meta final.
viernes, febrero 09, 2007
No Es Perfecta, Pero Es La Mejor
Siempre he considerado a mi familia un poco diferente a las demás. Nunca he logrado distinguir muy bien el factor que me ha hecho sentirla así, porque en muchos aspectos, es igual a la mayoría; hay disgustos, peleas, gritos y a veces, hasta ofensas muy graves. Sin embargo, aunque pudieron haber momentos en los que pensé “quisiera otra familia”, nunca realmente dejé de tener la seguridad de que esta, es la ideal para mí; con defectos y demás; pero en fin, mía.
Si lo analizáramos superficialmente, podríamos decir que no somos muy unidos o más bien, dependientes el uno del otro; pero realmente creo que es todo lo contrario; de no ser así, mi hermana mayor estaría sola en México. A pesar de mi original resistencia al cambio de país, no me queda otra alternativa que agradecer a mis padres por mantenernos unidos [porque realmente estoy agradecido].
Mi hermana mayor y mi hermano menor, son un caso. El chico está en la adolescencia; en momentos, realmente insoportable. Me parece que olvide rápidamente lo que significa esa etapa; sinceramente, espero poder haberla recordado para cuando mis hijos pasen por allí. Mi hermana mayor, en muchos aspectos: igual al menor. Pero cada uno tiene un lado maravilloso y digno de admirar. Me imagino que para ambos, he de ser en muchas ocasiones aún más hostigoso que ellos.
Dios nos ha privilegiado como familia con el don de la música. En un principio no lo consideré algo relevante; pero con el correr de los años, me he dado cuenta de que realmente es una inmensa bendición, con la cual, no todas las familias pueden contar; y creo que ha sido un punto muy importante en nuestra unidad.
Como humanos, todos los padres cometen errores; pero a pesar de ello, realmente estoy orgulloso de los míos; lo que hicieron, lo que hacen, cómo lo hacen, cómo poco a poco nos han sacado adelante, buscando lo mejor para todos. Siempre preocupándose y esforzándose por hacernos crecer en los diferentes aspectos de la vida.
Sin duda alguna, las palabras nunca llegarán a expresar todo lo que mi familia significa para mí, y no queda más que agradecer al Señor por darme la mejor familia del mundo.
Si lo analizáramos superficialmente, podríamos decir que no somos muy unidos o más bien, dependientes el uno del otro; pero realmente creo que es todo lo contrario; de no ser así, mi hermana mayor estaría sola en México. A pesar de mi original resistencia al cambio de país, no me queda otra alternativa que agradecer a mis padres por mantenernos unidos [porque realmente estoy agradecido].
Mi hermana mayor y mi hermano menor, son un caso. El chico está en la adolescencia; en momentos, realmente insoportable. Me parece que olvide rápidamente lo que significa esa etapa; sinceramente, espero poder haberla recordado para cuando mis hijos pasen por allí. Mi hermana mayor, en muchos aspectos: igual al menor. Pero cada uno tiene un lado maravilloso y digno de admirar. Me imagino que para ambos, he de ser en muchas ocasiones aún más hostigoso que ellos.
Dios nos ha privilegiado como familia con el don de la música. En un principio no lo consideré algo relevante; pero con el correr de los años, me he dado cuenta de que realmente es una inmensa bendición, con la cual, no todas las familias pueden contar; y creo que ha sido un punto muy importante en nuestra unidad.
Como humanos, todos los padres cometen errores; pero a pesar de ello, realmente estoy orgulloso de los míos; lo que hicieron, lo que hacen, cómo lo hacen, cómo poco a poco nos han sacado adelante, buscando lo mejor para todos. Siempre preocupándose y esforzándose por hacernos crecer en los diferentes aspectos de la vida.
Sin duda alguna, las palabras nunca llegarán a expresar todo lo que mi familia significa para mí, y no queda más que agradecer al Señor por darme la mejor familia del mundo.
jueves, enero 18, 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
